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Comentario de una jarcha

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Comentario de una jarcha.

 

 TEXTO  

 

Garid vos, ¡ay yermaniellas!,
¿cóm' contenir el mío male?
Sin el habib non vivreyo:
¿ad ob l'irey demandare?

 

 


       

COMENTARIO

 

    Nos disponemos a analizar la presente jarcha, poema lírico de autor anónimo y que podríamos datar en torno a los siglos X-XI. Fue entonces cuando algunos poetas cultos árabes y hebreos acudieron a las coplillas populares que los mozárabes cantaban y recitaban. Prendados de la belleza de estas canciones, decidieron componer unos poemas (moaxajas) de introducción para engarzar, en la parte final, como broche de oro, la jarcha.

    Estos poemas están muy relacionados con otros, compuestos en otros dialectos peninsuares: las cantigas galaico-portuguesas, las cançós catalanas (ambas del siglo XIII) y las canciones y villancicos castellanos del siglo XV. Por lo tanto, podemos observar una clara unidad en la lírica popular de nuestra Edad Media. Los temas, los sentiminetos, los recursos estilísticos son, también, muy similares.

    Si nos adentramos en el análisis de este texto podemos observar cómo una mujer se queja por la ausencia de su amado. Este tema es muy habitual en las jarchas. Para manifestar su pena, se dirige a sus hermanas (v.1), a las que pregunta (más para desahogarse que para obtener respuesta) sobre su dolor (v.2) y la difícil solución del mismo (v.4).

    En cuanto a la forma de expresión, nos encontramos ante cuatro versos octosílabos (rara regularidad en una jarcha) que siguen el esquema de una copla: - a - a, con rima asonante:

Ga/rid/ vos,/ ¡ay/ yer/ma/nie/llas!,    8
¿cóm'/ con/te/nir/ el/ mío/ ma/le?       8 a
Sin/ el/ ha/bib/ non/ vi/vre/yo:          8 -
¿ad/ ob/ l'i/rey/ de/man/da/re?          8 a

    En un texto lírico es importante comentar aquellos recursos que contribuyen a destacar los sentimientos de su autor. Por ejemplo, el texto se inicia (v.1) con una apelación de la mujer enamorada. Ésta se dirige a sus hermanas (con un diminutivo, "yermaniellas", que siempre añade afectividad a la expresión) para poder desahogar sus penas. La expresión se refuerza con una interjección ("ay") y el uso de las exclamaciones, elementos todos propios de una sintaxis afectiva. A continuación (v.2) la mujer, angustiada, pregunta cómo resistir su mal. Nadie podrá responderle, pero eso, quizás, es lo de menos. La importancia que tiene el amor en su vida es evidente (v.3): no puede vivir sin su habib, sin su "amigo" (este vocablo aparece también en cantigas, cançós y villancicos, lo que demuestra la unidad de toda la lírica tradicional). De nuevo (v.4) otra pregunta de desahogo, de expresión de la pena de amor. Son, curiosamente, los dos versos pares (2-4) los únicos que riman; en ambos encontramos interrogaciones retóricas; en ambos se produce una estructura paralelística: adverbio interrogativo (cómo/ adónde) seguido de verbo (contenir/ l'irey). Todo ello nos hace pensar que ahí reside lo más importante del poema: el deseo de la amada de contar su mal de amores, de hacer a alguien partícipe de su pena, de aliviar su soledad, de mitigar su dolor.

    En definitiva, cuatro versos breves pero intensos, capaces de transmitir una idea con fuerza y sentimiento, con intensidad, con la grandeza que sólo poseen las cosas naturales y sencillas.

    Si la literatura peninsular ganó esplendor con la épica, o fuerza moral con la clerecía, ya poseía de antemano lo que distingue a una obra de arte: el supremo don de hacer belleza con la palabra.