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Soledades, Galerías y otros poemas

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Comentario del poema "Anoche cuando dormía" de Antonio Machado (en Soledades, Galerías y otros poemas).

 

TEXTO

 

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes a mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?

  Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

  Anoche cuando dormía,
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

  Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

 

 


COMENTARIO 

     Nos disponemos a comentar este poema de Antonio Machado, autor sevillano nacido en 1875. Su infancia transcurrió en la capital andaluza, de la que siempre recordará algunos elementos procedentes de su casa natal: el patio, la fuente, el limonero.... Uno de ellos (fuente o fontana) lo veremos en el presente texto.

    Posteriormente se traslada con su familia a Madrid. Allí estudia en la I.L.E. Viaja en diversas ocasiones a París y se relaciona, en ambas ciudades, con los principales autores del momento.

    En 1903 publica su primera obra. Se trata de Soledades,  un libro modernista, con raíces simbolistas. Posteriormente, se reedita en 1907 bajo el título de Soledades, Galerías y otros poemas (S.G.O.P, en adelante).. En esta nueva versión han desaparecido los poemas de un modernismo más radical, mostrándose la tendencia de Machado a la sobriedad que le ha valido ser incluido en la Generación del 98.

    Es el de Machado un Modernismo intimista, que hunde sus raíces en Bécquer y Rosalía de Castro. Escribe "mirando hacia dentro", tratando de apresar, en un "íntimo monólogo" "los universales del sentimiento": el tiempo, la muerte, Dios. De ahí surgen muchos motivos poemáticos: el destino (trágico) del hombre, la angustia existencial, la infancia, el amor... Todo visto desde el sueño, que abre su velo ante los ojos del autor. El poeta busca sus seguridades desde siempre. Busca un Dios que le esperance, pero sólo consigue verlo entre la niebla o en sueños.

    El poema que vamos a analizar pertenece a la serie "Del camino". En ella, Machado nos ofrece una visión dinámica de su eterna búsqueda. Los caminos suponen vías para adentrarse profundamente en el alma del poeta; estas vías nos llevarán, a veces, a oscuros y angustiosos laberintos; en otras ocasiones, como la presente, la búsqueda dará sus frutos, aunque sólo sea en sueños.

    El poema está formado por una serie de siete cuartetas (versos octosílabos de rima consonante según el esquema abab). La división gráfica se hace, como es habitual en la obra, por asociaciones temáticas y no estróficas. Según esto, tenemos cuatro apartados (claramente paralelísticos, pues todos se inician con las mismas palabras), que forman una cuidadosa estructura en gradación ascendente; en cada apartado se desarrolla una idea que va configurando un estado de alegría que aumenta paulatinamente: desde una intuición inicial llegaremos a la cima de sensación en la última parte, la única formada por una sola estrofa. Pero vayamos por partes:

-vv.1-8. El poeta nos transporta a la noche anterior, a su sueño. Nos anuncia una ilusión ("bendita": el adjetivo sirve para connotar positivamente una palabra ya de por sí positiva) que aún no conocemos. Quizás el poeta tampoco, porque no acaba de explicarse exactamente qué es lo que pasa: siente una fontana (la eterna fuente de la infancia, la confidente de las penas y alegrías del poeta) en su corazón. Y le pregunta al agua, personificada (convertida, pues, en símbolo) sobre su origen: no sabe por qué oculto camino ("acequia escondida") ha llegado hasta él. De ahí podemos deducir que el sentimiento que embarga al poeta es nuevo, desconocido: el agua le trae una "nueva vida". Y se nos insiste en que es algo "de donde nunca bebí". Aún no sabemos más, pero ya intuimos que una serie de nuevas sensaciones invaden el sueño del poeta.
-vv. 9-16. Ahondamos un poco más: el poeta ve en su corazón una colmena. ¿Qué nos quiere decir esto? Un poco más adelante lo comprendemos: las abejas convierten las amarguras, lo negativo, en "blanca cera y dulce miel", en algo positivo, dulce. La colmena simboliza la posibilidad de transformar el pesimismo del autor en alegría, en esperanza. El sentimiento desconocido de la primera parte se va ya llenando de significado: el poeta está esperanzado, cree en la posibilidad de desterrar su pasado angustioso, intercambiando angustias por alegrías.
-vv. 17-24. No nos extraña, pues, que el siguiente elemento que el poeta sueña en su corazón sea aún más positivo: se trata del sol, de un "ardiente sol" (no un sol decayendo, no un sol de tarde -no hay que decir más para quien conoce la obra machadiana-, sino un sol cenital, pleno, radiante, que se nos explica en una estructura paralelística). La ligera alegría intuida en la primera parte y asimilada en la segunda llega a ser tan fuerte ahora que hace al poeta llorar.
-vv. 25-28. Aparece Dios. Al llegar aquí comprendemos el poema en su totalidad; las intuiciones anteriores se confirman. El poeta, eternamente pesimista, sumido en la angustia, se ve sorprendido por un sueño en el que aparece Dios, el único capaz de hacer que se despejen sus inquietudes. Ahora entendemos el porqué de la reiterada "bendita ilusión".

    Pero no nos engañemos. Ante todo, Machado ha dejado claro que estamos ante un sueño, ante una ilusión, no ante una realidad palpable. La alegría del poema, pues, está matizada. Sin embargo es claro que estamos ante uno de los poemas más esperanzados de la obra porque, al menos, existe una posibilidad, una respuesta soñada, una ilusión. Y de ilusión -ya lo dice el refrán- también se vive, sobre todo cuando la triste realidad no nos puede ofrecer nada mejor.

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